Juan Anselmo Leguizamón | A mis amigos no les gusta la poesía



Juan Anselmo Leguizamón | A mis amigos no les gusta la poesía


A mis amigos no les gusta la poesía
lo bien que hacen: no saben del temblor de las mañanas
ni que el mundo ya lleva muerto mil años
No derraman una sola lágrima
ante la manada en celo que cada día arrasa
con millones de gigabytes en banda ancha
Me importa un pito la poesía dijo Julián
aquella noche mientras bajábamos del taxi
No me vengas con Neruda ponémelo a Nirvana
No me versees con Spinetta ni te "te encontrare una mañana..."
Salvo esa vez cuando en la Fiesta del Reencuentro
la aparición de aquella compañera nueva
que seguía tan alegre y perturbadora como antes
que se vino espléndida de tan bien acabada
con su espíritu indemne y aún más pujante sangre
Cuando terminamos al amanecer borrachos en comunión
unidos en la oración por el amor verdadero
que diríase es sencillo, básico, austero.


Juan Anselmo Leguizamón (Santiago del Estero, 1971), ¿De quién son esos zapatos? Ediciones Del Dock. Buenos Aires. 2011.

Juan Pablo Bagnarol | Puedo verlo todo sin estar ahí




Juan Pablo Bagnarol | Puedo verlo todo sin estar ahí



Subir una foto

Me di cuenta que rompiste con tu novio
porque volvieron tus fotos de instagram
pensé que habías muerto
pero no
me banqué tu discursito sobre la fidelidad
quedate tranqui
nadie quería cogerte
es sólo
la histeria y el psicodrama
que nos comemos en el ciberespacio



RPM

Arranqué bicicleta fija en el gimnasio
no tengo más excusas
quiero bajar la panza

la profe es buena onda
pone la música fuerte
y al pedalear
me olvido de mis problemas

arriba de la bici
me siento seguro
ella me sostiene
le pongo carga
imagino que subo por un camino
y puedo verlo todo
sin estar ahí



Juan Pablo Bagnarol (Santa Fe, 1982). Inéditos exclusivos para este blog.

Lucas Margarit | Bernat Metge




Lucas Margarit | Bernat Metge

el ángel es el peor de los dragones
J.E. Cirlot


pasé toda mi vejez reuniendo
formas ácidas y plantas acuáticas
observando, cada tanto, en cada ocaso
la forma cubierta del mar

toda la vejez de los hombres hermosos como el cactus
cada vez que los golpes acariciaban los quiebres de la orilla

pasé mi vida buscando entre las biblias oscuras
la vida disimulada de Bernart

a la sombra de la vela de resina oscura vi las primeras ciencias
cinceladas con imperturbabilidad por una mano que todavía no temblaba
leí las primeras lecturas del mito y de los objetos
vi los primeros dibujos que contenían
el límite entre esto y aquello

el límite que formaban las fibras del pergamino mohoso


Lucas Margarit (Buenos Aires, 1966), Bernat Metge. Buenos Aires Poetry. Buenos Aires. 2016.

Christian Hertel | La erosión

Foto: Juan Pablo Giusepponi


Christian Hertel | La erosión



todas las mañanas que pude

antes de salir
dejaba una finísima línea de arena
a los bordes de la casa
para que los barcos
tuvieran 
adonde llegar

detrás de esa costa
el trapo del amor
se levantó como pudo

un farito blanco
sucio

la inestable señal
que los niños distinguen
desde la escuela


/

deseamos
hasta confundir la forma
buscamos
hasta olvidar la marca
dijimos
hasta secar el beso

en círculos tan perfectos
anduvimos
que la dulzura de esa danza
ajena a nosotros
permanece


Christian Hertel (Córdoba, 1983), La erosión. Editorial Deacá. Villa Mercedes, San Luis. 2017.

Miguel Gaya | Cabeza de artista



Miguel Gaya | Cabeza de artista



Estamos hablando de Ezra Pound

una cara de la moneda
está abierta a los vientos, la otra
es abrasada por el sol. en cualquier caso
esas caras cambian
y la pregunta es
si la moneda cambia o
si las caras de las monedas son
la moneda, erosionada, o
si la moneda existe
sin la corrosión del tiempo.
esto es lo que yo llamo
preguntas pertinentes
sobre la
economía de la política.

cuando a Ezra Pound lo encerraron en una jaula
y lo exhibieron para regocijo y espanto
de las almas buenas
el problema de la corrosión del tiempo en nuestras caras
se puso en evidencia.
¿podía ese anciano caballero expiar sus culpas colgado ahí o
estaba ahí para brindarnos la certeza
de nuestra inocencia?
así, el viejo anatema de expulsar a los poetas
lejos de la ciudad
se ha resuelto
para alegría y piedad de las almas buenas:
dejad que gocen y retocen en los parques porque
a prudente distancia tenemos
nuestras jaulas.

pero
a prudente distancia
nuestras monedas
exhiben
cara al sol
y cara al tiempo
sus rugosidades.


Varsovia iluminada

A diez mil metros de altura
todas las ciudades se parecen.
Me pregunto si esta de aquí debajo
será Varsovia iluminada,
si acaso estoy
en el cielo de Polonia.
Intento cálculos horarios, derroteros inciertos,
mientras observo la noche por la ventanilla.
Y entonces
quizás por un desfasaje del horario y la percepción
suben y me alcanzan
las luces de Varsovia
iluminada en mayo de 1943
ante explosiones e incendios,
luces de espejos rotos y ojos muertos.
Hay muchos modos de iluminar una ciudad,
me digo, y son todos,
casi,
humanos.


Escuchar a Joan Baez

Ahora mismo tengo
tres veces la edad que tenía
cuando ella cantó para mí.
Y la edad que entonces tenía
no me preparó para escucharla.
Y lo que viví después
tampoco me sirvió para entender lo que oí
o aunque más no sea
para olvidarla.
La escuché tal vez por tres minutos
o a lo sumo cinco,
pero nada de lo que me pasó antes
o de lo que vino después
me ha preparado para vivir
con lo que cantó esa vez
solo para mí.


Miguel Gaya (Ayacucho, 1953), Cabeza de artista. Ediciones En Danza. Buenos Aires. 2016.

Agustina Lescano | Nena




Agustina Lescano | Nena


Jugoso en la boca

Saco una foto de gente parcelada
en casas y barrios
y le subo la saturación al máximo
para que brillen todos
los que hacen la plancha al sol
sobre los líquidos circulantes.
El mate, tereré
porrón frío
el fernet en vaso de litro
un hielo derretido
flotando en la cubetera.

Pienso en los cuatro puntos
exactos donde se apoya tu cama
y vos dormido como un bichito
comparo el cuadro con el mío
donde llego a dormirme
dentro de otro plano más grande
del que quiero creer que escapo:
la familia, la casa
los flujos del deseo
filtrando
como la pileta de un vecino
que se espía desde el techo.


Nena

La botella y yo
transpiramos en la vereda
el aire está casi tan espeso
como la calle
y deja a todos en el barrio
mirando hacia el fondo de la avenida
como si fuera a pasar algo.
A la hora de siempre
aparece el loco
corriendo con la camisa abierta
y en la mano una bolsa de mercado
vacía y con los bordes descosidos
donada por alguna familia
que ahora usa bolsas de plástico
para comprar cosas y después tirarlas.

Yo era chica y un tipo en la tele
hablaba sobre el tema: linyeras
salí a la puerta y le pregunté a mamá
qué era.
Apareció el loco a la misma hora
y mi mamá señaló con la cabeza
yo lo quedé mirando y él me gritó
y siguió corriendo
qué pasa, nena
nunca viste un hombre.



Agustina Lescano (Santa Fe, 1992), Nena. Corteza ediciones. Santo Tomé. 2016.

Reiner Kunze | dos poemas




Reiner Kunze | dos poemas



Después de un examen inconcluso de matemática



Todo
está impregnado de matemática, dice
el profesor: la medicina
la psicología
las lenguas

Él se olvida
de mis sueños

En ellos calculo siempre
lo incalculable

y me asusto cuando suena
como tú. 



NACH EINER UNVOLLENDETEN MATHEMATIKARBEIT

Alles
durchdringe die mathematik, sagt
der lehrer: medizin
psychologie
sprachen

Er vergiβt
meine träume

In ihnen rechne ich unablässig
das unberechenbare
Und ich schrecke auf wenn es klingelt
wie du



Convalecencia


Hagamos, corazón, un pedazo del camino
con las patas de un gato

Hay suficientes piedras
para afilar amablemente

las garras.


REKONVALESZENZ

Lass uns, herz, ein stück des wegs
Auf katzenpfoten gehen

Der steine sind genug, die krallen
Freundlich zu schärfen



Reiner Kunze (Erzgebirge, Alemania, 1933). Traducción de Juan Pablo Abraham, exclusiva para este blog.


Italo Calvino | Estábamos tan bien todos juntos, tan bien...



"Estábamos tan bien todos juntos, tan bien, que algo extraordinario tenía que suceder. Bastó que en cierto momento ella dijese: “¡Muchachos, si tuviera un poco de espacio, cómo me gustaría amasarles unos tallarines!” Y en aquel momento todos pensamos en el espacio que hubieran ocupado los redondos brazos de ella moviéndose adelante y atrás con el rodillo sobre la lámina de masa, el pecho de ella bajando lentamente sobre el gran montón de harina y huevos que llenaba la ancha tabla de amasar mientras sus brazos amasaban, amasaban, blancos y untados de aceite hasta el codo; pensamos en el espacio que hubiera ocupado la harina, y el trigo para hacer la harina, y los campos para cultivar el trigo, y las montañas de las que bajaba el agua para regar los campos, y los pastos para los rebaños de terneras que darían la carne para la salsa; en el espacio que sería necesario para que el Sol llegase con sus rayos a madurar el trigo; en el espacio para que de las nubes de gases estelares el Sol se condensara y ardiera; en la cantidad de estrellas y galaxias y aglomeraciones galácticas en fuga por el espacio que serían necesarias para tener suspendida cada galaxia, cada nebulosa, cada sol, cada planeta, y en el mismo momento de pensarlo ese espacio infatigablemente se formaba..."

Italo Calvino

Flor López | Pa



Flor López | Pa


Pa, me gustaría contarte qué pasa ahora en casa
pero la voz de una mujer
me retumba en los oídos
viene desde lejos,
me retumba.

Es una voz potente pa,
una voz que vos nunca te ibas a imaginar
porque nunca ibas a pensar que podía decir una mujer tal cosa
vos que entre la grasa de tus manos y el olor a rulemanes aceitados
siempre te burlaste de las mujeres poderosas.

Pero me gustaría contarte,
sentarme a que me cebes un mate e intentar expresar
que ahora es diferente.

Ella no es como esas mujeres de las que te reías
mientras las motos sonaban aún sin arrancar.
Ella es mala pa, es egoísta y codiciosa
y en el fitito que vos nunca me terminarte de regalar
yo no la llevaría
no la llevaría a pasear a ninguna parte pa.
Y no es porque no me guste un tanto más que las otras mujeres
de las que tampoco nunca llegue a hablarte del todo
no pa, esta mujer es fría
y no tiene escrúpulos.

Pa, es una mujer sin agallas
una que hubiera deseado que putees para que me ayudes a olvidar.
Lo que pasa pa es que en esta casa de la que te fuiste
ya no se puede hablar más así
y vos serías un tipo despreciable
más despreciable de lo que fuiste
para mí y para mamá. Pero sabés pa,
hay gente más despreciable aún,
gente que nació con sexo femenino y es despreciable aún.

Sí, no te rías,
sé que pensaste que yo no podría tampoco decir esto
pero también hay mujeres despreciables.
Ves pa que no todo es tan lineal ni entendible
ves pa que el hecho de que abandonaras la casa
tampoco significó del todo el olvido.
Es que pa, el perdón no es bajar un cuadro con un par de fotos en la pared
así no se consigue curarte las heridas.

Yo pá quisiera que hoy vinieras un rato
pasaras por la casa nueva que me han ayudado a construir
y que me digas: hija, te vine a visitar
y yo ahí contarte una sensación de dolor en el pecho
con la que me levanto estos días por la casa.

Es que está todo raro por estos lugares pa
¿y allá? ¿allá su voz se siente?


Flor López (Villa Mercedes, San Luis, 1988), Contorsión. Caballo Negro. Córdoba. 2017.




Martina Benitez Vibart | Sismo



Martina Benitez Vibart | Sismo


Rebelión


Soy frágil,
no soy un dispenser.

Me corre sangre por las venas.

Tampoco soy una máquina tragamonedas
que te da lo que le pidas.

Puedo dar
lo que me surge.
No tengo 
lo que saciaría tu sed.

No soy un dispenser.
Soy una mujer.



Oraciones


Yo sólo escuchaba
tus movimientos.
No conocía tus gustos.
No hablábamos casi.

A la noche te pedía
que me protegieras 
con oraciones.

Ahora me pregunto
si tenía pesadillas
para poder compartir
algo con vos.



Martina Benitez Vibart, Sismo. Edición de autora. Buenos Aires. 2017.

J.C. Ramírez | Barrial



J.C. Ramírez  | Barrial



Mi hermano Hernán



Hay que reconocerlo
tenía luz propia.
Después de mandarse la peor de las macanas
llegaba a casa con su sonrisa
abierta como las puertas del cielo
su hola de vocales estiradas
y con sus chistes o alguna historieta
nos dejaba embobados y a sus pies.
Siempre tuvo todos los semáforos en verde.
Una vez me robó los ahorros de meses
las monedas que juntaba
para los patines que estaban de moda.
Lo busqué sin olvidarme de ninguna de sus madrigueras
—tuvo suerte de que no lo encontrara.
Así que lo esperé en casa.
Se hizo la hora de comer y no llegaba.
Algunos minutos son más largos que otros.
Mamá se preocupó
después papá
y por último yo.
Al final salieron a buscarlo
y yo recé.
Mamá recorrió todas las casas
y llegó sin noticia.
Juré: si vuelve no lo reto,
no le grito, no le hago nada de nada.
Sólo se escuchaban los grillos.
Y de repente
el golpeteo de la cola del manchitas
cuando Hernán volvió con papá
y bien bien sano.
Se había ido al centro con mi plata
a jugar a los jueguitos.
Nadie le dijo nada.
Todos habían hecho la misma plegaria
las mismas promesas que yo.
Y así zafaba siempre
debiéndole a cada santo una vela
hasta hoy
que lo alumbran todas juntas
y las oraciones son otras
y ninguna de mis promesas
funciona para que vuelva.



El Francisco

De todos los pelotudos
que nos juntábamos en la esquina de casa
el Bobo resultó ser el más importante.
El día que faltó
el grupo se disolvió.
Hasta Rubén
al que todos mirábamos para ver si se reía
cuando insultábamos al Tarta
con algún chiste o golpe en la cabeza
dejó de ir a la esquina después de comer.

El día que el Bobito murió Luis dijo
Bueno, si hay velorio hay sanguchitos.
Y ése fue el último comentario que nos hizo reír.
Cuando su madre y los vecinos estaban enterrándolo
nos metimos en la casa para repartirnos su ropa.
Ahí vimos que el Francisco
—porque ahora es Francisco, y no otra cosa
tenía en la mesita de luz
una foto de él y todos nosotros abrazados
en su cumple de los diez años.
Sentimos
—no creo que haya sido diferente para ninguno
que esos niños en los que casi no nos reconocíamos
nos miraban con miedo, como a extraños.


J.C. Ramírez (Santa Fe), Barrial. Ediciones La Gota. Santa Fe. 2014.

Juana Luján | Danger



Juana Luján | Danger


V

Hoy volví.
Antes
íbamos a pasar un trapo húmedo
por los pétalos de tela
color naranja.
Tirábamos un balde de agua
sobre el gran bloque de cemento
veía la foto casi dibujada
de mi bisabuela.
Yo tenía cinco años
sentada en la tumba de Juana
miraba las flores de tela
la tumba celeste.


VI

Usté va a venir
y esta vieja va a estar muerta

Soy la muñeca con que jugaba 
a ser mamá

antes de eso venga con auto
y llévese la caja

Cada verano junto a la cama
abría la caja sacaba
despacio
el celofán azul
y las dos nos asomábamos
para ver el vestido

useló mi princesa
usté que puede
useló

No quiero
no quiero usar ese vestido
pero digo sí



Ella se ríe
y devuelve al capullo de celofán
su vestido de novia.



Juana Luján (Córdoba, 1981), Danger. Ediciones Recovecos. Córdoba. 2011.

Marge Piercy | Blues fúnebre para Janis



Marge Piercy | Blues fúnebre para Janis


Tu voz siempre me golpeó directo en el nervio del codo
de la valiente, sufrida y perra fantasía
que me gobernaba como una luna de cobre con sus fases,
hasta que pude parcialmente liberarme.
¿Qué podría hacer más que amarte por mis pesadillas?
Tu voz rechinaría directo en la médula ósea que cocina
el rico estofado de masoquismo en el que nadamos,
de la mujer nacida para sufrir, ser maltratada y engañada.
Domesticadas para ese invernadero de maduro dolor.
Nunca nos sentimos tan vivas, tan en nuestra naturaleza
como cuando caminamos con el blues trasnochado.
Cuando un hombre que no está y que por suerte se ha ido
deviene una ausencia que se infla como un globo de gas
y arrasa en nosotras pensamiento y percepción y propósito.

Oh, el oprimido, excitante y agotador blues femenino:
palpitaste allí con tu rostro ligeramente hinchado
y tu cabello con púas volando vigoroso y desbordado,
el estallido de un horno cuyo combustible es la vida entera.
Encarnaste a esa madre bondadosa que se brinda y se brinda
como una olla de sopa de pollo ebrio a una raza de hombres-rata.
Encarnaste el dolor abrazado a los senos como una criatura.
Encarnaste el hermoso y descuidado chicle de la apatía,
mujer de espaldas al mundo ofreciendo tu valiente rostro
infinita, irremediable, andrajosamente, para ser cogida.
Ese gusto por colgar en el gancho del carnicero y llamarlo amor,
esa necesidad de amar como un grito hueco en el alma:
ésa es la droga de la que pendemos y nos arrastra mortal,
como la gélida aguanieve de heroína que congeló tu sangre.



Burying Blues for Janis

Your voice always whacked me right on the funny bone
of the great-hearted suffering bitch fantasy
that ruled me like a huge copper moon with its phases
until I could partially, break free.
How could I help but cherish you for my bad dreams?
Your voice would grate right on the marrow-filled bone
that cooks up that rich stew of masochism where we swim,
that woman is born to suffer, mistreated and cheated.
We are trained to that hothouse of ripe pain.
Never do we feel so alive, so in character
as when we’re walking the floor with the all-night blues.
When some man not being there who’s better gone
becomes a lack that swells up to a gaseous balloon
and flattens from us all thinking and sensing and purpose.

Oh, the downtrodden juicy long-drawn female blues:
you throbbed up there with your face slightly swollen
and your barbed hair flying energized and poured it out,
the blast of a furnace of which the whole life is the fuel.
You embodied that good done-in mama who gives and gives
like a fountain of boozy chicken soup to a rat race of men.
You embodied the pain hugged to the breasts like a baby.
You embodied the beautiful blowsy gum of passivity,
woman on her back to the world endlessly, hopelessly, raggedly
offering a brave front to be fucked.
That willingness to hang on the meathook and call it love,
that need for loving like a screaming hollow in the soul,
that’s the drug that hangs us and drags us down
deadly as the icy sleet of skag that froze your blood.


Marge Piercy (Detroit, Michigan, 1936). Extraído de Circles on the Water, Selected Poems of Marge Piercy. Alfred A. Knopf, Nueva York, 2009. Traducción: Mariano Rolando Andrade.

Flavia Calise | Esgrima verbal




Flavia Calise | Esgrima verbal


soy el Conde de Montecristo
con tetas
yo soy Napoleón Bonaparte
con tetas
soy una cancillería
con tetas
cara de pato
cuerpo de lavarropas
hago esgrima verbal
mis neuronas
tienen clítoris
soy una ajedrecista
de la dialéctica
soy un camión atmosférico
soy la hermafrodita
del espectáculo
soy un hombre homosexual encerrado
en el cuerpo de una mujer

vos sos Valderrama raquítico
disfrazado de Tarzán
sos Tweety con levadura
grasa como sushi de bagre
sos una loca
maleducada sin clase
sos tan vulgar
¡tan vulgar!
¿qué se puede esperar de un burro
más que una patada?
what pass?
si querés llorar,
llorá



Flavia Calise (Buenos Aires, 1992). 

Charles Simic | Hotel Insomnio



Charles Simic | Hotel Insomnio


Me gustaba mi pequeño agujero,
su ventana daba a un muro.
El vecino tenía un piano.
Algunas tardes al mes
un viejo inválido venía a tocar
"Mi cielo azul".

Por lo general, sin embargo, no había ruidos.
En cada habitación una araña con abrigo de piel
cazaba su mosca con redes
de humo de cigarrillo y ensoñación.
Tan oscuro,
que no podía ver mi rostro en el espejo de afeitar.

A las cinco de la mañana, arriba, el sonido de pies descalzos.
La "Gitana" vidente,
que tiene su tienda en la esquina,
va a mear después de una noche de amor.
Una vez, también, el sonido del llanto de un niño.
Tan cerca se oía que, por un momento,
pensé que era yo quien lloraba.


Nubes a la vista

Parecía el tipo de vida que queríamos.
Frutillas con crema por la mañana.
Sol en cada cuarto.
Nosotros caminando desnudos junto al mar.

Ciertas noches, sin embargo, algo
nos inquietaba.
Como actores trágicos en un teatro en llamas,
con pájaros sobrevolándonos,
los pinos negros, extrañamente quietos,
las piedras, ensangrentadas por el atardecer.

Volvíamos a nuestra terraza a beber vino.
¿Por qué siempre ese pálpito de un final aciago?
Nubes, en apariencia casi humanas,
se avistaban en el horizonte, por lo demás agradable
con el aire templado y el mar en calma.

De pronto, la noche sobre nosotros, sin estrellas.
Tú enciendes una vela, la llevas desnuda
a nuestro cuarto y la apagas enseguida.
Los pinos negros y los pastos, extrañamente quietos.



Primavera

Esto es lo que vi - nieve sucia en el suelo,
tres mirlos acicalándose,
y mi vecina saliendo en camisón
a colgar la ropa de su marido en la soga.

El viento de la mañana dificultaba el tendido.
Le alzaba tanto el camisón,
que tuvo que parar
y cubrirse, mientras reía a carcajadas.



Charles Simic (Belgrado, Serbia, 1938), Hotel Insomnio. Traducción: María Negroni y Federico Barea. Zindo & Gafuri.  Buenos Aires. 2017.

Niní Bernardello | Natal

Foto: Tuerto Rey


Niní Bernardello | Natal


Escribo y borro, tacho y excluyo
huyo de mí, de aristas rojas
de sangre que vienen de lejos
de un tiempo arcaico que fulge
en la luz de un verano muerto.
Por más que intente escapar
el sabor de un imperio verbal,
trastoca las palabras
en arañas, rugidos y estertores
cosiendo mis labios al resplandor
de tu mirada que insiste cruel
mientras escribo en el borde
de un ataúd de fuego.

/

Alguien en el correo
me decía: hay una carta 
de Bellessi para vos.
Vi el sobre, era de papel
aéreo y de formato pequeño.
La aleta izquierda estaba despegada
y pude ver la supuesta carta
como un bulto
de papeles muy doblados
enrollados y colocados
hacia el lado abierto.
Pensé en la contradicción
entre el peso de la carta
y la levedad del sobre.
¿Por qué habías elegido
un sobre aéreo
que no soportó la carga
y abrió los bordes?
Debían lacrarlo, me dijeron,
antes de entregármelo.
Pero yo robé la carta
y ansiosamente 
saqué el envoltorio
de papeles. No era 
papel, era género.
Muy doblado, blanco
y ribeteado por una 
puntilla delicadísima.
No lo desplegué.
Vi, en el doblez
unos elementos redondos.
Sin comprender me dije:
no me escribió nada,
me envió semillas
sólo semillas.


Soñado en abril de 2005


Niní Bernardello (Cosquín, 1940), Natal. Bajo la luna. Buenos Aires. 2011.